En la mañana del 14 de mayo, los alumnos de tarde de
Publicidad y Relaciones Públicas nos dirigimos al museo de Segovia para ver la exposición de "El nido los mirlos" y realizar una serie de talleres.
Al entrar en el museo, nos llevaron a ver una exposición de
arte de Mon Montoya, un artista segoviano que ha viajado por muchas partes del
mundo y las ha retratado a su manera. El primer cuadro que nos enseñaron fue un
“retrato” de Segovia hecho por encargo. En él se podían distinguir varia partes
de la ciudad, como el acueducto, una gran cruz y la catedral. Aun así, el
cuadro tiene pinta de ser bastante abstracto por las formas en las que dibuja
el resto de la ciudad, y con barras de grafito, hace líneas que parecen al azar
sobre la obra, pero estas líneas están planeadas previamente.
Mon Montoya
recibió una beca, y se fue a convivir un mes a una casa con otros artistas con
los que podría compartir su arte, pero lamentablemente, el resto de personas
hablaban inglés y Montoya no. Cambio su perspectiva de la beca, y utilizó este
mes en soledad para pasear por los jardines de esta casa e inspirarse, y se
fijó en las típicas casitas que los americanos hacen para los pájaros. Le
gustaron tanto que las retrataba en sus cuadros, como en un cuadro sobre Shanghai
en el que las casitas de pajaros se pueden comparar con los grandes edificios
de esta ciudad.
Tras un tiempo, Mon Montoya sufrió el fallecimiento de
varios familiares, entre la que se encontraba la traumática muerte de su
hermano, y sus obras se volvieron más agresivas. Empezó a dibujar sobre lienzos
más grandes, en los que usaba una técnica distinta a como dibujó sus primeros
cuadros. Pintaba primero el lienzo con pintura plástica, y después rellenaba el
cuadro con óleo con un pincel fino, y al ser este un tipo de pintura acuosa, no
se juntaba con la puntura plástica. Aunque también parecían cuadros abstractos,
se podían reconocer figuras, como un hombre crucificado y calaveras.
Ya, tras el paso del tiempo, Mon Montoya enpezo a dibujar
otro tipo de paisajes. Entramos en una sala en la cual se podía escuchar a
mucho mirlos trinando, a través de unos altavoces, que hacen el ambiente de la
sala mucho más relajante. Los paisajes que Montoya dibuja son siempre los mismos,
pero con diferente estilo, y en ellos hay figuras como un mono, una tortuga,
cines, etc… que se pueden reconocer mejor o peor dependiendo del estilo con el
que los haya dibujado Montoya.
Por último, para finalizar la visita, nos metieron en una
sala donde había acuarelas y pinturas plásticas, y primero nos dijeron que
dibujásemos un dibujo automático con pintura plástica y luego lo rellenásemos
con acuarela, imitando el estilo de Mon Montoya.
Personalmente, la visita a la exposición me gustó mucho, y recomendaría a todo aquel que pueda verla que no se pierda la oportunidad de observar y conocer la vida y cuadros de Mon Montoya.

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