Esto, el profesor Kamamori, lo consigue gracias a que hace
que sus alumnos escriban un diario personal en el que cuentan sus experiencias
día a día. Lo más impactante es cuando un día llega un alumno y cuenta que su
abuelo ha muerto, y lo mal que se sentía por ello. Gracias a que el alumno
compartiera este hecho, toda la clase se puso a hablar sobre la muerte de
alguno de sus seres queridos, incluso una niña se atrevió a compartir como se sentía
por la muerte de su padre que ocurrió cuando era más pequeña. Entre lágrimas,
los niños empatizaban con el resto de la clase, ya no por el hecho de ponerse
en el lugar de los demás, sino porque todos habían sufrido casos parecidos.
Este tipo de documentales te hacen pensar sobre el papel de
los profesores en el aula. Bajo mi punto de vista opino que un profesor está
para dar su materia, pero aparte de eso, un buen profesor debería saber empatizar
con sus alumnos y crear un vinculo con ellos para ayudarles a afrontar hechos
de la vida y saber educarles en cierta medida ya que hay padres que a veces no
se pueden ocupar de sus hijos por el hecho de trabajar mucho por ejemplo.
Mi experiencia personal con los profesores ha sido
normalmente buena, pero la mayoría no estaba por la labor de hacer clases
dinámicas y tampoco se esforzaban en crear vínculos con nosotros o entre
nosotros. Otros en cambio tenían más interés por nosotros, como me acuerdo yo
de mi profesora de lengua y literatura de 2º de Bachillerato que se preocupaba
mucho por nosotros y hacía todo lo que estaba en su mano para aprobar el curso
y superar la selectividad.
En conclusión (y si algún profesor está leyendo esto, le
recomendaría que siguiera el consejo) los profesores no solo deben impartir su
materia, deben preparar al alumno para lo que se le puede presentar en un
futuro, ya sea cercano o lejano, y nunca deben intentar impedir que un alumno
desarrolle su propia personalidad y creatividad.
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